lunes, 19 de abril de 2010

la habitacion blanca


Olía a cloroformo y a morfina y a desinfectante y su sonrisa deslumbró la habitación y aunque un cariño muy especial les unía hacia años, era la última mirada que ella esperaba ver por esos fríos pasillos.
Aspiro como pudo las lágrimas que empapaban sus mejillas y se fundieron en un profundo y silencioso abrazo.
Ella se moría de hambre llevaba cerca de 12 horas llorando y él que la conocía en secreto la sorprendió con un delicioso sándwich de esos que a ella la volvían loca.
Ella no tenia fuerzas para hablar, y si él algo nunca había hecho era forzarla así que a su ritmo y en silencio consiguió arrancarle una sonrisa de esas que precede a una carcajada. -esa era una de sus mejores virtudes-.
Poco a poco la ternura invadió la blanca sala, y de repente sus miradas cambiaron... de repente empezaron a leerse el alma a través de los ojos.
Todavía soy incapaz de contar que pasó, pero aquella desoladora, dolorosa y fría noche de noviembre se llenó de magia y marcó un alto en el camino, y lo cambió todo.

L: -¿Y como terminó la historia?-
V: -¿Pero tu no sabes que lo que importa no es el destino sino el camino?-
L: - ¿¿Pero que pasó??-
V:- Pasó, el tiempo. Pasó que él le puso una tirita a su destrozado corazón y el tiempo lo fue curando... y ahora ella aunque recuerda la cicatriz, puede sonreír.-





Hoy va de clásicos.
Nacha Pop – Buque Que No Llega

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